As I see it

Haciendo las Preguntas Correctas

En mi capacidad de investigador forense del condado de Dauphin County, Pennsylvania, a menudo me piden que haga observaciones sobre la actual epidemia de sobredosis de opioides. Me preguntarán cual es el aumento en el número de muertes qué mi oficina tiene por consumo de drogas; si creo que las muertes causadas por la droga son el resultado de una epidemia de heroína o de los opioides recetados conducen al uso de heroína? Todas estas son buenas preguntas, planteadas para entender el tipo de drogas utilizadas en la causa de la sobredosis, pero no muy buenas preguntas para intentar entender por qué las sobredosis están ocurriendo.

Hay un antiguo proverbio chino, “El cómo es fácil, el por qué es difícil.” Demasiadas veces en la sociedad de hoy en día, nunca nos hemos preguntado realmente las preguntas difíciles. Mirando al mar de fallecimientos relacionados con el consumo de drogas en los Estados Unidos, no debemos mirar cómo nos estamos matando a nosotros mismos, sino por qué. La pregunta de por qué es muy compleja y tiene que ver con las implicaciones psicológicas, morales y económicas.

El hecho de que tantas muertes sean causadas por los opioides de uno u otro tipo, sólo nos dice que estamos matándonos a nosotros mismos con un anestésico potente y muy adictivo. Concentrándonos únicamente en el hecho de que nos estamos matando a nosotros mismos con un opiáceo sólo revela nuestra droga de elección en lugar de por qué estamos tomando los anestésicos que son lo suficientemente potentes para apagar nuestra respiración y frecuencia cardíaca y privar a nuestro cerebro de oxígeno necesario. No podemos realmente mirar este problema a menos que miremos más allá de la sustancia y a concentramos en la razón por la que la estamos tomando.

Debemos preguntarnos ¿por qué la nación más libre, más rica del mundo siente tanto dolor emocional y moral que sentimos la necesidad de anestesiarnos a nosotros mismos de la realidad. Esta es una cuestión o pregunta mucho más difícil. Debemos estudiar el sistema de valores de nuestra sociedad. Debemos reconocer que muchos en nuestra sociedad tienen un vacío en el alma que causa un dolor que sienten que deben ser disminuidos por drogas, incluso con el riesgo de muerte.

El hecho de que estamos usando opioides para escapar de este dolor es el resultado de una broma entre la medicina moderna y las grandes corporaciones farmacéuticas. Esto simplemente no es sólo mi opinión, sino la opinión de muchos médicos con quienes he discutido el problema.

En 1990, introdujimos un nuevo analgésico llamado OxyContin. Se estimó que los opioides liberados con el tiempo no serían tan adictivos como la heroína. Con un número limitado de pruebas y ensayos clínicos, varios opioides se pusieron en el mercado de prescripción. Pronto estos analgésicos fueron prescritos para casi cualquier procedimiento o condición que incluso había una cantidad limitada de dolor. El cambio de actitud hacia el dolor trajo unas expectativas del paciente hasta el punto donde sentía que casi cualquier procedimiento debería estar prácticamente libre de dolor. Los médicos y los dentistas fueron juzgadas de qué forma cada uno de sus procedimientos estarían libres de dolor.

Como tantas cosas en nuestra sociedad, todo el mundo está buscando una píldora para curar casi cualquier condición desde obesidad hasta para el desempeño sexual. Somos el único país en el que se permiten anuncios de medicamentos en televisión. Me di cuenta por primera vez de esto cuando yo estaba grabando mi programa de televisión, el Médico forense que hablo en nombre de los muertos, en Investigation Discovery Channel. Revisaba cada episodio y me di cuenta que los episodios que salían al aire fuera de los Estados Unidos necesitaban aproximadamente siete minutos más de programa. Pregunté a uno de los productores por qué la los programas extranjeros eran más largos que la versión de EE.UU. Ella simplemente dijo que Estados Unidos tiene tanta publicidad de medicamentos que sólo hacemos un show de 43 minutos. Fue entonces que me di cuenta de cuán profundamente arraigados a las drogas y medicamentos estamos en nuestro país.

Debemos asumir la responsabilidad de nuestra propia salud. No podemos esperar que una píldora se encargue de cada problema. La vida no es sin dolor, y el medicamento es el último recurso para una buena salud. Obviamente, los productos farmacéuticos son necesarios, pero debemos darnos cuenta de que cada fármaco cuando se toma tiene una ventaja y un inconveniente. Primero debemos comenzar permitiendo el equilibrio corporal a través del control de nuestra dieta, ejercicio y armonía espiritual. A veces la vida tiene dolor para darnos lecciones. ◆
Asking the Right Questions

In my capacity as Coroner of Dauphin County Pennsylvania, I am often asked to comment on our current epidemic of opioid drug overdoses. They will ask what my office’s increase in drug deaths are, if I think the drug deaths are the result of a heroin epidemic or if prescription opioids lead to the use of heroin? These are all good questions, posed to understand the picture of the type of drugs used in causing the overdoses but not very good questions for trying to understand why the overdoses are occurring.

There is an old Chinese saying, “The how is easy, the why is difficult.” Too many times in today’s society, we never asked the really hard questions. When looking at the sea of drug deaths across America, we must look at not how we are killing ourselves but why. The question of why is very complex and has to do with psychological, moral and economic implications.

The fact that so many deaths are caused by opioids of one kind or another only tells us that we are killing ourselves with a very addictive and powerful anesthetic. In concentrating solely on the fact that we are killing ourselves with an opioid only reveals our drug of choice rather than why we are taking anesthetics that are powerful enough to shut down our respiration and heart rate and deprive our brain of necessary oxygen. We cannot truly look at this problem unless we look beyond the substance and concentrate on why we are taking it.

We must ask why does the freest, richest nation in the world feel so much emotional and moral pain that we feel the need to anesthetize ourselves from reality. This is a far more difficult question. We must explore our societal value system. We must recognize that many in our society have an emptiness in the soul that causes a pain that they feel must be diminished by drugs even to the risk of death.

The fact that we are using opioids for this escape from pain is the result of a folly between modern medicine and big pharma. This is simply not just my opinion, but rather the opinions of many physicians with whom I have discussed the problem.

In the 1990s, we introduced a new painkiller called OxyContin. It was felt that the time-released opioids would not be as addictive as heroin. With limited testing and clinical trials, multiple time-released opioids were put into the prescription market. Soon these pain killers were prescribed for almost any procedure or condition that had even a limited amount of pain. The change in attitude toward pain brought a patient’s expectations up to the point where they felt almost any procedure should be practically pain-free. Doctors and dentists were judged on how pain-free each of their procedures would be.

Like so many things in our society, everyone is looking for a pill to cure almost any condition, from obesity to sexual performance. We are the only country in which drug advertisements are permitted on television. I first realized this when I was filming my television show, The Coroner I Speak for the Dead, on the Investigation Discovery Channel. I would review each episode and noticed that episodes airing outside of the United States needed approximately seven minutes more of show time. I asked one of the producers why the foreign cut was longer than the U.S. version. She simply said that the U.S. has so much drug advertising that we only do a 43-minute show. It was then that I realized how deeply embedded drugs are in our country.

We must take responsibility for own health. We cannot expect a pill to take care of every problem. Life is not without pain, and drugs are the last resort for good health. Obviously, pharmaceuticals are necessary, but we must realize that each drug when taken has a downside and upside. We must first begin with trying to allow the body to balance themselves through control of our diet, exercise and spiritual harmony. Life sometimes has pain to teach us lessons. ◆

Graham Hetrick

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