Ciclos/Cycles

Yo estaba subiendo mi granja.  El calor era agobiante y la humedad flotaba en el aire.  Mi perro estaba jadeando y sin duda pensando que los seres humanos están locos por correr en el calor en lugar de acostarse sobre un piso de azulejos en una casa con aire acondicionado. Mientras seguíamos caminando, ambos miramos simultáneamente el estanque que había y comenzamos a correr. Elegí saltar del muelle pero Sherlock, mi perro, eligió algo menos dramático y salto de la playa.

Yo disfruté el agua fría y miraba el cielo azul con nubes blancas hermosas y pensaba en el próximo otoño.  Vivir en Pennsylvania, más bien en toda la costa Este de Estados Unidos, significa mirar la vida en ciclos.  Las hojas de los árboles se están tornando de un color menos verde brillante.  Por las noches, con la excepción de esta ola de calor parecida  a un horno, tienen un aire refrescante y el pensamiento de un suéter encima de los hombros.  El jardín tiene menos y menos frutas y verduras, e incluso los animales y las aves están haciendo preparativos para el ciclo de otoño.

No se trata sólo de un ciclo físico que estamos iniciando, pero también un ciclo emocional.  A diferencia del constante sol de California, la naturaleza nos recuerda que el tiempo siempre cambia las cosas.  Pronto mi esposa va a sacar su ropa de otoño, voy a empezar a usar más trajes y chalecos, la leña será apilada cerca de la fogata al aire libre, y la bomba de calor se establecerá de frío a calor.

Creo que la gente que vive en lugares con cambios de estaciones no sólo actúa de manera diferente, pero también piensan de manera diferente.  Apreciamos mucho más los cambios en el clima.  Mientras flotaba en el estanque, pensaba que tan pocos días de verano nos quedan y como el tiempo tiene esta costumbre de pasar tan rápidamente, una vez que nos detenemos y observamos los cambios.  Se siente una cierta preciosidad a cada año, cada temporada y cada día.  El mundo está cambiando y yo también.

Septiembre marca un punto de cambio.  Las hojas se rompen en tonos dorados y rojos, y finalmente cubren los pastos con lo que parece una alfombra café.  Los niños regresarán a la escuela.  Las vacaciones serán foto recuerdos en nuestras computadoras, y la visita del sol será menos y menos frecuente.

Podemos ver este cambio y saber que la vida se sigue moviendo.  El mundo va a hibernar durante unos cinco meses y luego otra vez van a brotar los retoños de renovación.  No es de extrañar que muchas religiones tengan una narrativa de resurrección porque la creación misma nos dice que estamos en un ciclo.

Así mientras usted se pone el collarín apretado alrededor de su cuello o quita las hojas del césped, recuerde que la vida esta simplemente diciéndonos que somos y vivimos en un ciclo, entonces disfrute del momento, recoja sus hojas, disfrute retirando la nieve con su pala o simplemente salte en un estanque y diga: “estoy vivo.” ◆

Cycles

I was coming up my lane on the farm.  The heat was stifling, and the humidity hung in the air.  My dog was panting and no doubt thinking that humans are insane for jogging in the heat rather than lying on a tile floor in an air-conditioned home. As we progressed up the lane, we both looked simultaneously at the pond and then broke into a run.  I chose to jump off the dock but Sherlock, my dog, chose the less dramatic charge from the beach.

I embraced the cool water and looked at the blue sky with puffy white clouds and thought about the coming fall.  Living in Pennsylvania, well the whole East Coast for that matter, is looking at life in cycles.  The leaves on the trees are becoming a slightly less vibrant green.  Evenings, with the exception of this oven-like heat wave, have that familiar chill, and thoughts go to a sweater over the shoulders.  The garden has less and less produce, and even animals and birds are making preparations for the fall cycle.

It is not just a physical cycle that we are entering into, but also an emotional cycle.  Unlike the constant California sunshine, nature reminds us that time always changes things.  Soon, my wife will get out her fall wardrobe.  I will start wearing more suits and vests.  Firewood will be stacked by the outdoor fire pit, and the heat pump will be set from cool to heat.

I think people who live in seasonal locations not only act differently, but they also think differently.  We appreciate so much more the changes in climate.  As I floated in the pond, I thought how few days of summer are left and how time has this habit of passing so quickly, once we stop and observe the changes.  It gives a certain preciousness to each year, each season and each day.  The world is changing and so am I.

So September marks a point of change.  The leaves will break out in golds and reds and finally carpet the lawns and forest with brown.  Kids will return to school.  Vacations will be pictured memories on our computers, and the sun will become less and less a frequent visitor.

We can see this change and know that life moves on.  The world will hibernate for about five months and then once again push forth the buds of renewal.  No wonder so many religions have a resurrection narrative because the very creation tells us we are in a cycle.

So as you pull that collar tight around your neck or rake the leaves off the lawn, remember life is just telling us we are and live in a cycle, so enjoy the moment, rake, shovel or just jump in a pond and say, “I am alive.” ◆

Graham Hetrick

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