Haciendo las Preguntas Correctas, entonces hacer lo correcto • Asking the Right Questions, Then Doing the Right Thing

Haciendo las Preguntas Correctas, entonces hacer lo correcto

por Graham Hetrick

No pasa una semana sin que dentro de mi oficina de médico forense llegue otra solicitud de estadísticas sobre la crisis de los opioides. Mi oficina está cargada al máximo ahora y, lamentablemente, no tenemos personal adicional dedicado a responder al creciente número de solicitudes.

Sentado en mi escritorio hay dos montones de expedientes. El más grande es uno de los casos que deben ser cerrados después de mi informe de exámenes de toxicología devueltos recientemente. El montón más pequeño es de casos de homicidios que debo revisar. Mirando la diferencia entre estos dos grupos, me maravillo de lo necesario que resulta saber los números, datos y estadísticas de estos asuntos. Pero conocer esta información no salva ninguna vida.

Hace diez años, pude ver que esto se avecinaba. El OxyContin se convirtió en la solución a todos los dolores tanto crónicos como de corto plazo. De repente, en los tratamientos clínicos y en todos los procedimientos, se espera estar totalmente libre de dolor. Cuando tuve mi cirugía para que me saquen los dientes del juicio cuando era un niño, mi dentista me dijo cuando salí de la oficina, “Ahora, cuando la Novocaina se desgaste, va a doler tremendamente para un día o dos, sólo mantén y lava la boca con agua salada.” Tenía razón. Dolía como el infierno, pero en unos días, se sentía mejor. Esta es la manera en que uno trata con el dolor.

Por supuesto, entiendo que, en algunos casos, estos medicamentos son indispensables para pacientes con condiciones específicas. No voy a poner en tela de juicio. Pero hoy, las compañías de seguros y el gobierno relacionan los reembolsos a un hospital o un centro médico a través de cuanto dolor reporto el paciente. Esto ha conducido a la expansión de los opioides en la medicina clínica, que se convirtió en la pasarela para el abuso de opioides farmacéuticos. Incluso hoy, los opioides recetados son objeto de más abusos de drogas en la calle.

En mi opinión, el peor enfoque de este problema es que el gobierno federal tira el dinero.

Cada vez que un político o la prensa me pregunta sobre esta cuestión, es evidente que no entienden lo que está sucediendo en todo Estados Unidos. No tenemos una “epidemia” de opioides tenemos una epidemia de “adicción.”

Los opioides existen para matar el dolor, pero debemos definir el dolor. ¿Por qué, me pregunto repetidamente, son los más ricos, la mayoría de las personas libres de toda la historia con tal dolor físico, emocional y, me atrevo a decir, dolor espiritual?

Mi amigo Tommy Rosen tiene una maravillosa definición de adicción, que se encuentra en su extenso libro titulado Recovery 2.0: ir más allá de la adicción y mejora tu vida.

La definición es importante porque nos lleva más allá del síntoma (en este caso, los opioides) a la verdadera enfermedad. Sencillamente por Tommy: “Adicción es cualquier comportamiento que continúe haciéndolo a pesar del hecho de que trae consecuencias negativas en su vida. De repente, es evidente que tenemos una epidemia de adicción y los opioides son sólo uno de los instrumentos de la adicción.

Esto es sutil pero muy importante.

He visto a lo largo de los años, porque mi trabajo es escuchar a los muertos y he visto los patrones de adicción en última instancia repercuten sobre cómo, cuándo y por qué morimos.

Por ejemplo:

• Tener que comprar mayores camillas portátiles porque la mayoría de los estadounidenses son obesos.
• Tremendo aumento en enfermedades crónicas tales como la diabetes tipo 2 y enfermedades y muertes cardio-trópicas.
• Aumento de casi todas las formas de cáncer.
• Aumento de la depresión y la ansiedad.
• Incremento en las alergias y enfermedades de la piel.

Esta lista podría continuar, pero creo que usted ya se da idea. Como sociedad estamos más ansiosos, menos saludables y propensos a todas las anteriores. Sí, somos adictos a las drogas… pero como Tommy señala, también somos adictos al alcohol, a los alimentos, a las personas (relaciones, el sexo y la intimidad), al dinero y al debutante, la tecnología.

Tommy señala también los cuatro agravantes, que activan la adicción:

• Pensamiento negativo
• Auto-duda
• El dejar las cosas que se pueden hacer hoy para mañana.
• El resentimiento

Usted puede ver, esta es la cuestión a la que debemos encontrar respuestas.

El dinero que ponemos en este bloque debe ser concedido a los Estados, en el sentido de que cada Estado va a determinar el mejor uso de los fondos. Esto nos daría 59 diferentes laboratorios para desarrollar las mejores estrategias para una verdadera rehabilitación. Debe haber algún uso de la metadona y la buprenorfina para ayudar con la transición de química para la desintoxicación, pero el verdadero problema es la personalidad adictiva y cómo hemos llegado hasta aquí.

He oído recientemente a unos funcionarios públicos dicen que el gobierno está considerando el desarrollo de una vacuna para la adicción. Amigos, no existe vacuna para el alma. Uno tiene que ahondar en el subconsciente y ahondar para entender que la incontrolable necesidad de hacer cosas negativas es el resultado de dolores del pasado. Debemos identificar y enfrentar estos dolores. El dolor puede ser un gran maestro. Este estado de adicción que abarca a la nación entera en el que nos encontramos es una oportunidad para todos y cada uno de nosotros para crecer. Para ampliar. Para evolucionar.

Tommy Rosen tiene la idea perfecta. Él es holístico en su planteamiento y lo comparte con miles de personas mediante la creación de una comunidad virtual. Su página web R20.com ofrece refugio a cualquiera buscando profundizar en patrones, pensamientos, creencias y comportamientos que ya no les sirven. Os animo a todos a comprobarlo.

En resumen, no hay una solución fácil. No hay ninguna solución “del gobierno.” No hay ninguna píldora, y no hay ninguna vacuna. La única ruta está dentro de nosotros. La recuperación comienza con cada uno de nosotros, individualmente y como comunidad.

 

 


 

Asking the Right Questions, Then Doing the Right Thing

by Graham Hetrick

Hardly a week goes by without out my coroner’s office having another request for statistics on the opioid crisis. My office is currently tasked to the maximum right now, and unfortunately, we don’t have additional personnel on staff dedicated to answering the growing number of requests.

Sitting on my desk are two stacks of case files. The higher one is of cases that need to be closed out after my review of newly returned toxicology reports. The much shorter stack is of homicide cases I must review. Looking at the difference between these two groups, I marvel at how much knowing the numbers, statistics and data matters. Yet, simply knowing this information doesn’t save any lives.

Ten years ago, I could see this coming. OxyContin became the solution to everyone’s pain, chronic or short-term. Suddenly, clinical treatment and all procedures, were expected to be completely pain-free. When I had my wisdom teeth pulled as a kid, my dentist said to me as I left the office, “Now, when the Novocain wears of, it’s going to hurt like hell for a day or two, but just keep washing out your mouth with salt water.” He was right. It hurt like hell, but in a few days, it was better. That was how one dealt with pain.

Of course, I understand that in certain cases, these medications are indispensable to patients with specific conditions. I’m not disputing that. But today’s insurance companies and the government tie reimbursements to a hospital or doctor through a survey of a patient’s reported pain. This has led to the expansion of opioids in clinical medicine, which became the gateway to the abuse of pharmaceutical opioids. Even today, prescribed opioids are more abused than street drugs.

In my view, the worst approach to this problem is for the federal government to throw money at the issue and build bureaucracies around it, as was recently suggested to the tune of $59 billion. Without, of course, any explanation of how the money would be spent, or for that matter, a clear definition about what the crisis really is. In reality, the crisis is just another opportunity for the government to make more money.

Every time a politician or the press asks me about this issue, it is clear that they don’t understand what is really happening across America. We don’t have an “opioid epidemic”; we have an “addiction epidemic.”

Opioids exist to kill pain, but we must define the pain. Why, I repeatedly wonder, are the richest, most free people in all of history in such physical, emotional and, dare I say, spiritual pain?

My friend Tommy Rosen has a marvelous definition of addiction, which is found in his comprehensive book entitled Recovery 2.0: Move beyond addiction and Upgrade Your Life.

The definition is important because it takes us beyond the symptom (in this case, opioids) to the real dis-ease. Simply put by Tommy, “Addiction is any behavior you continue to do despite the fact that it brings negative consequences into your life.” Suddenly, it becomes clear we have an addiction epidemic, and opioids are only one of the tools of addiction.

This is subtle but very significant.

I have seen this over the years because my job is to listen to the dead, and I have seen the patterns of addiction ultimately impact how, when and why we die.

For example:

• Having to buy larger removal cots because most Americans are obese.
• Tremendous increase in chronic diseases such as type-2 diabetes and cardio-tropic deaths.
• Increase in almost all forms of cancer
• Increase in depression and anxiety.
• Increase in allergies and skin conditions.

This list could go on, but I think you get the idea. As a society, we are more anxious, less healthy and prone to all of the above. Yes, we are addicted to drugs, but as Tommy points out, we are also addicted to alcohol, food, people (relationships, sex and intimacy), money and the insidious newcomer – technology.

Tommy also points out the four aggravations, that trigger addiction:

• Negative thinking
• Self-doubt
• Procrastination
• Resentment

You see this is the real question to which we must find answers. The money we put into this should be block-granted to the states, meaning that each state would determine the best use of the funds. This would give us 50 different laboratories to develop the best approaches for true rehabilitation. There should be some use of methadone and buprenorphine to help with the chemical transition to detoxication, but the real issue is the addictive personality and how we got here.

I recently heard a public official say that the government was considering the development of a vaccine for addiction. Folks, there is no vaccine for the soul. One has to delve into the subconscious and realize their incontrollable need to do negative things is the result of past pains. We must identify and face these pains. Pain can be a great teacher. This nation-wide state of addiction we are in is an opportunity for each and every one of us to grow, to expand, to evolve.

Tommy Rosen has the right idea. He is holistic in his approach, and he shares it with thousands by creating a virtual community. His website, r20.com, offers sanctuary to anyone seeking to dig deeper into patterns, thoughts, beliefs and behaviors that no longer serve them. I encourage everyone to check it out.

The bottom line is that there is no easy solution. There is no solution “from the government.” There is no pill, and there is no vaccine. The only route is within. Recovery starts with each one of us, individually, and then as a community.

For More Information:

https://r20.com/

http://www.grahamhetrick.com/

Esmeralda Hetrick

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