LA LIBERTAD DEL ARTE Y EL ARTE DE LA LIBERTAD/THE FREEDOM OF ART & THE ART OF FREEDOM

De Vuelta al Hogar

 

By Sandra Tamez

 

Frecuentemente, es emocionante cuando un bebé anuncia que llegará a éste mundo; todos se emocionan y están ansiosos por sostenerlo en sus brazos. Padres, hermanos, familia y amigos están impacientes por enseñarle cosas nuevas y por pasar tiempo con esas dulces personitas.

Desafortunadamente, cuando la edad adulta llega y nos hace envejecer, cuando esos tiernos viejitos comienzan el proceso de retornar a una extraña forma de infancia de nuevo, casi nadie está dispuesto a tenerles paciencia para explicarles las cosas, para ayudarlos con algunas tareas o para mostrar orgullo del logro de sus deberes. Casi nadie está dispuesto a invertir tiempo de calidad para disfrutar y alegrarse al pasar tiempo con los “viejos,” a cambio de nada.

Cada nueva generación, ha ido dejando atrás el entusiasmo de tener o de cuidar a los ancianos, perdiendo un tesoro en el inter. El tesoro de tener cerca a un entrenador privado y a un maestro personal de amor, a cambio del mismo amor.

Nuestra generación está más preocupada en ahorrar el dinero suficiente para pagar un lugar de retiro pare ellos, que en ahorrar espacio suficiente en nuestras ocupadas vidas, casas y actividades de la vida cotidiana. Desperdiciamos tiempo y energía, haciendo el negocio a otros, en lugar de aprovechar el hecho de tener una fuente de amor y sabiduría en casa.

Pensar en retener a nuestros padres y viejos a nuestro alrededor, puede darles tanto a cambio a nuestros niños.

Los ancianos no tienen prisa, les gusta jugar como cuando eran pequeños y encuentran diversión, placer y jovialidad en la simple coexistencia con nosotros: los todopoderosos adultos jóvenes. Nosotros: los arrogantes, fuertes, prácticos e “inteligentes” adultos jóvenes de las generaciones abandonadas.

Tenemos un compromiso con ellos; ellos nos trajeron al mundo, de hecho, ellos construyeron nuestro mundo.

Pienso que es tiempo de mirar atrás para ponderar y reconsiderar cómo debiéramos tratarlos y, en lugar de buscar la manera de encontrar un lugar a donde enviarlos lejos de nuestro lado, amarlos y acogerlos cerca, como si fueran nuestros propios hijos de vuelta al hogar.

 

Most of the time, it is elation when it is announced that a baby is coming to this world.  Everyone is excited and anxious to hold him or her in their arms. Parents, siblings, family and friends can’t wait to teach and spend time with him or her.

Unfortunately, when adulthood comes and makes us become older, when those tender old ones start the process of going back to a weird sort of babyhood again, almost no one is able to be patient enough to explain things, to help them out with some tasks or to be proud even with their limited abilities. Almost no one is willing to invest quality time to enjoy and to find joy in time with the seniors.

Every new generation has been losing the excitement of having or taking care of the elderly.  Our generation is more concerned about how to save enough money to pay a retirement place for them than to save enough room in our busy lives, homes and activities.  We are wasting time and energy, making them someone else’s business instead of taking advantage of having a source of love and wisdom at home.

To think about keeping our parents and elder ones around can offer so much, especially to our children.  They are never in a rush, they like to play like young ones, and they find amusement, delight and joviality from the coexistence with us.

We have a commitment with them – they brought us to the world, and they built our world.

I think it is time to look back, to ponder and to reconsider how we should treat them, and instead of looking forward to finding a place to send them away from our side, we should  love them and receive them near by, as if they were our own children back home.

Lavozadmin

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